{"id":30800,"date":"2026-06-20T09:11:42","date_gmt":"2026-06-20T06:11:42","guid":{"rendered":"https:\/\/vendeto.am\/?p=30800"},"modified":"2026-06-20T09:11:47","modified_gmt":"2026-06-20T06:11:47","slug":"hace-diez-anos-que-no-veo-a-una-mujer-susurro-el-ermitano-del-bosque-con-voz-ronca-mirando-a-la-joven-geologa-la-chica-comprendio-no-podia-esperar-clemencia-de-un-hombre-que-lleva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vendeto.am\/?p=30800","title":{"rendered":"\u2014Hace diez a\u00f1os que no veo a una mujer \u2014susurr\u00f3 el ermita\u00f1o del bosque con voz ronca, mirando a la joven ge\u00f3loga. La chica comprendi\u00f3: no pod\u00eda esperar clemencia de un hombre que llevaba diez a\u00f1os huyendo del tribunal."},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un a\u00f1o en que los alisos de los pantanos florecieron con especial amargura y el cielo sobre Siberia se cubri\u00f3 de humo procedente de incendios lejanos, tuvo lugar en la regi\u00f3n de la taiga una historia que a\u00fan atormenta los sue\u00f1os de los ancianos de las aldeas perdidas entre el Gran Pantano y los r\u00edos helados. Esta historia no lleg\u00f3 a los peri\u00f3dicos: era demasiado extra\u00f1a para la prensa y demasiado humana para los informes oficiales. La gente hablaba de ella en susurros, se persignaba, y los cazadores que sal\u00edan de caza en el curso superior del r\u00edo Studenaya llevaban consigo no solo balas, sino tambi\u00e9n una peque\u00f1a bolsa de sal cuaternaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo comenz\u00f3 en 1942, cuando el \u00faltimo hombre de la familia Zheltkov, Prokop Yeremeyev, de veintitr\u00e9s a\u00f1os, fue llamado al frente desde la aldea de Glukhariny Ples, situada al borde de la impenetrable taiga. Prokop era una figura imponente, con manos acostumbradas a forjar herraduras y un alma forjada en la oscuridad del bosque. No tem\u00eda a la guerra ni a las balas; tem\u00eda ser capturado. Para \u00e9l, que conoc\u00eda cada sendero de caza, cada hueco en el bosque de cedros desde su juventud, la sola idea de marchar en formaci\u00f3n y someterse a la voluntad de otro le parec\u00eda peor que la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y cuando el presidente del consejo municipal, Avdey Ilyich Sheludakov, un hombre sombr\u00edo con la cabeza palpitando por una conmoci\u00f3n cerebral, le entreg\u00f3 la citaci\u00f3n, Prokop asinti\u00f3 en silencio, fue a los ba\u00f1os, se puso una camisa limpia y esa noche desapareci\u00f3 en el aire. Escap\u00f3 a trav\u00e9s de los huertos, luego por el nido de lobos, sobre el barranco, y desapareci\u00f3 en el verde infierno de los pantanos de Vasyugan, donde incluso los mosquitos vuelan en formaci\u00f3n y el camino bajo sus pies se convierte en un abismo burbujeante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">PRIMERA PARTE. EL GUARDI\u00c1N DEL BOSQUE<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los a\u00f1os de aislamiento de Prokop lo hab\u00edan transformado de un hombre robusto en un ser casi m\u00edtico. El periodista Vikenty Klestov, quien mucho tiempo despu\u00e9s, mientras rebuscaba en los archivos del tribunal regional, encontr\u00f3 el caso amarillento \u00abSobre el colono salvaje\u00bb, escribi\u00f3: \u00abNo se trataba de Robinson Crusoe buscando regresar a la humanidad, ni de un ermita\u00f1o en busca de Dios. Era una bestia que encontraba su verdadera naturaleza\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Prokop no era sedentario. Hab\u00eda construido todo un imperio de escondites secretos en el r\u00edo Studenaya y sus afluentes. En una hondonada del Medvezhsky Log, donde el sol solo brillaba al mediod\u00eda, cav\u00f3 un agujero en el suelo con una estufa de piedra tosca construida con tanta astucia que el humo escapaba por una grieta en la roca y ascend\u00eda entre el musgo, delatando su existencia. A diecis\u00e9is kil\u00f3metros de distancia, en una isla en medio de la vegetaci\u00f3n pantanosa y endeble, se alzaba una caba\u00f1a sobre patas de gallina: pilotes de alerce clavados en la turba. En la copa de un enorme pino construy\u00f3 un puesto de observaci\u00f3n a\u00e9reo: una plataforma desde la que pod\u00eda contemplar los alrededores a kil\u00f3metros de distancia con unos prism\u00e1ticos que hab\u00eda sacado de un alce muerto en el pantano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No viv\u00eda en la pobreza, sino con la sombr\u00eda elegancia de un se\u00f1or de la taiga. No solo cazaba, sino que capturaba. Cuando el oso se acercaba a su foso con ajo encurtido, lo derribaba con un simple palo afilado, captaba el ritmo de su respiraci\u00f3n y le perforaba el coraz\u00f3n con la boca. Aturd\u00eda a los peces no con dinamita, sino con una ra\u00edz especial de nen\u00fafar que los dorm\u00eda y los hac\u00eda flotar. El huerto de la finca era un milagro agron\u00f3mico: en tierra importada, calentada por el calor del esti\u00e9rcol y las hojas podridas, cultivaba nabos del tama\u00f1o de la cabeza de un ni\u00f1o y cebollas que rivalizaban con las del sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se volvi\u00f3 salvaje, no de esp\u00edritu, sino de sentimientos. Su habla se volvi\u00f3 fragmentaria y pod\u00eda permanecer en silencio durante semanas, escuchando el crujido de la corteza de un pino por la escarcha o el chillido de las ardillas reci\u00e9n nacidas en un hueco. Vest\u00eda pantalones de gamuza de alce bordados con tendones y una camisa de piel de marta cibelina, atuendos dignos de un pr\u00edncipe de la taiga. Su rostro estaba cubierto de cabello rojo, casi cobrizo, del que asomaban dos brillantes ojos azules, no nublados como lagos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"565\" src=\"https:\/\/vendeto.am\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/05-3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-30801\" srcset=\"https:\/\/vendeto.am\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/05-3.jpg 500w, https:\/\/vendeto.am\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/05-3-265x300.jpg 265w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SEGUNDA PARTE. UN INVITADO DE OTRO MUNDO<br>Pasaron los a\u00f1os. La guerra amainaba. La tierra lam\u00eda sus heridas. Pero Prokop segu\u00eda rezagado en la espesura. Sab\u00eda que la deserci\u00f3n en tiempos de guerra no prescribe en la memoria humana. Y, sin embargo, la melancol\u00eda comenz\u00f3 a corroerlo por dentro, la misma melancol\u00eda que no se puede aliviar con carne de oso ni con infusi\u00f3n de setas. Empez\u00f3 a acercarse a las aldeas y a observar la vida, que ahora le parec\u00eda extra\u00f1a y agitada. Vio mujeres arando en lugar de caballos, destilando aguardiente con serr\u00edn y ancianos mirando hacia el oeste, esperando noticias que nunca llegar\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un d\u00eda, a finales de agosto, cuando los ar\u00e1ndanos estaban manchados de sangre y las telara\u00f1as volaban sobre los campos segados, divis\u00f3 una figura humana en la orilla del Arroyo Torcido. Era una mujer. Joven, con ropa de algod\u00f3n descolorida, cargando una cesta llena de setas crecidas. Prokop se qued\u00f3 paralizado tras el tronco de un cedro. No era solo una mujer. Era una voz, una risa, el olor a humo de la chimenea, el calor de los pa\u00f1ales: todo aquello en lo que se hab\u00eda prohibido siquiera pensar hasta entonces.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se llamaba Kseniya Mikulina. Era una agr\u00f3noma enviada del distrito para restaurar los huertos de la granja colectiva, miembro del Komsomol acostumbrada a los h\u00e9roes de los libros, no a los elfos del bosque. Estaba desesperadamente perdida y llevaba una hora dando vueltas en el mismo sitio, aterrorizada por su propia sombra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">C\u00f3mo sali\u00f3 de detr\u00e1s del \u00e1rbol\u2026 Kseniya no lo recordaba despu\u00e9s. El mundo ante ella simplemente se cerr\u00f3 sobre s\u00ed mismo, una enorme pared roja. Quiso gritar, pero la voz se le apag\u00f3. Prokop la mir\u00f3 y le apret\u00f3 la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No sosten\u00eda un rifle, sino un manojo de hierba fragante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No hay comida \u2014dijo con una voz que parec\u00eda el crujido de un pino. Su voz era hueca, pero no hab\u00eda amenaza en ella.En una especie de cansancio generalizado. \u00abLos mosquitos saldr\u00e1n del pantano en cualquier momento y se comer\u00e1n tu ropa y todo lo dem\u00e1s. Si quieres vivir, s\u00edgueme. S\u00edgueme paso a paso. Si tropiezas, acabar\u00e1s en el pantano. Ya han empezado a cantarte la extremaunci\u00f3n en el Baile de Glukharin, tonta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella no entend\u00eda por qu\u00e9 lo segu\u00eda. Quiz\u00e1s porque no ol\u00eda a animal, sino a agujas y humo. Quiz\u00e1s porque sus ojos azules no estaban consumidos por la lujuria, sino por un deseo tan penetrante que a Ksenia se le encogi\u00f3 el est\u00f3mago.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La hab\u00eda guiado durante tres d\u00edas. Hab\u00eda borrado sus huellas tan bien que hasta un orco se habr\u00eda perdido. Hab\u00eda cruzado arroyos sobre rocas, escalado laderas ventosas por donde ni una bestia habr\u00eda pasado. La hab\u00eda cargado en brazos cuando estaba exhausta y cay\u00f3 en el musgo. No hab\u00eda dicho ni una palabra sobre d\u00f3nde ni por qu\u00e9. Solo una vez, cuando ella intent\u00f3 meter la mano en el bolsillo donde \u00e9l guardaba su navaja, \u00e9l la agarr\u00f3 de la mu\u00f1eca y neg\u00f3 con la cabeza: \u00abNo seas traviesa. Al bosque no le gusta eso\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegaron a Medvezhskaya Rokli al final del tercer d\u00eda. Kseniya rompi\u00f3 a llorar al ver la vivienda. Pens\u00f3 que la matar\u00eda o la violar\u00eda. Pero Prokop se agach\u00f3 en la entrada y empez\u00f3 a encender una hoguera, a\u00f1adiendo corteza de abedul con tanta destreza que el humo no le daba en los ojos, sino que se colaba por la grieta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abVive ya\u00bb, grit\u00f3 por encima del hombro. \u00ab\u00bfSabes limpiar setas? Aprende\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">TERCERA PARTE. \u00bfCAPTURA O RESCATE?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasaron las semanas. Prokop ni siquiera la toc\u00f3. La evitaba como un animal salvaje evita una jaula. Llevaba comida: repollo, pescado, pu\u00f1ados de frambuesas. Las dejaba en silencio en el umbral y luego se adentraba en el bosque. Ksenya, de naturaleza activa, se hizo cargo de la casa. Freg\u00f3 el suelo con arena y ceniza, revis\u00f3 sus provisiones de hierbas secas y, en un rinc\u00f3n, encontr\u00f3 un volumen de revistas de antes de la guerra, \u00abKrestyanka\u00bb, las que Prokop hab\u00eda sacado clandestinamente del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una tarde, mientras la lluvia tamborileaba sobre el techo de c\u00e9sped, le habl\u00f3: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me necesitas, Prokop Yeremeychi? Eres el rey del bosque. Deber\u00edas haberme dejado ir. No se lo habr\u00eda contado a nadie. Mira c\u00f3mo me he perdido aqu\u00ed; no podr\u00eda encontrar el camino ni aunque te matara\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l permaneci\u00f3 en silencio durante un largo rato, mirando fijamente el fuego. Chispas danzaban en su barba cobriza. \u00abTengo miedo\u00bb, susurr\u00f3 de repente. \u00abNo te tengo miedo a ti\u00bb. He olvidado c\u00f3mo respirar sin una voz humana. Si te vas, volver\u00e9 a quedarme sin palabras. Bestia. Y estoy cansado de ser una bestia. Quiero al menos asomarme por la ventana a la vida de otra persona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces Kseniya, la hija de un soldado del frente que muri\u00f3 en la guerra de Finlandia, una mujer que sobrevivi\u00f3 al hambre y a la p\u00e9rdida de seres queridos, sonri\u00f3 de repente: \u00abBueno, mira. Abre m\u00e1s la ventana. Aqu\u00ed est\u00e1 h\u00famedo, como en una tumba\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su vida se convirti\u00f3 en una extra\u00f1a forma de familia. \u00c9l le ense\u00f1\u00f3 a comprender el bosque: a distinguir las huellas de una marta cibelina y una marta com\u00fan, a escuchar c\u00f3mo \u00abhabla\u00bb un cedro demasiado maduro, c\u00f3mo un cascanueces advierte del peligro. Ella le ense\u00f1\u00f3 a hablar de nuevo, no de caza, sino de los poemas de Yesenin, que se sab\u00eda de memoria, de qu\u00e9 era un tractor y por qu\u00e9 Stalin fumaba en pipa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces sucedi\u00f3 algo que Prokop tem\u00eda m\u00e1s que a la polic\u00eda. Kseniya se dio cuenta de que estaba en problemas. Su vientre se abultaba bajo su vestido de algod\u00f3n, su rostro palideci\u00f3. No dar\u00eda a luz en una trinchera. Y Prokop no era precisamente el tipo de partera que asistir\u00eda un parto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Te llevar\u00e9 \u2014dijo por la ma\u00f1ana, mientras guardaba su mochila. Su voz temblaba como una hoja de \u00e1lamo\u2014. Gente. Te entregar\u00e9. Dir\u00e9 que te encontr\u00e9 en la taiga, que no te retuve a la fuerza. Que te juzguen. Quiz\u00e1s cuando me encierren, recuerden que cultiv\u00e9 pan en el pantano y que no dej\u00e9 morir a los animales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kseniya lo agarr\u00f3 de la manga. \u2014Vayamos juntos. Dir\u00e9 que vine a ti por mi cuenta. Que me salvaste de los lobos. \u00a1Les contar\u00e9 historias tan conmovedoras que hasta el fiscal llorar\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l solo neg\u00f3 con la cabeza. Ten\u00eda otro plan. Sab\u00eda que si confesaba, lo condenar\u00edan. Pero necesitaba testigos para no ser arrojado a la primera zanja como fugitivo. Y esa testigo ser\u00eda ella, Kseniya, y su futuro hijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">CUARTA PARTE. UN HOMBRE SALE DEL BOSQUE<br>A mediados de septiembre de 1953, dos hombres emergieron del bosque en las afueras de Glukharinoye Plyos. El hombre, como sacado de un cuento de hadas, era enorme, con una camisa de piel de alce, un hacha al cinto y una barba que le llegaba hasta el ombligo. Iba del brazo de una mujer embarazada vestida con un sarafan remendado, pero con una mirada serena y radiante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pueblo contuvo la respiraci\u00f3n. El anciano abuelo Mitrofan, sentado en el porche, dej\u00f3 caer su pipa y susurr\u00f3: \u00abAs\u00ed que Prokop, el elfo del bosque, apareci\u00f3\u2026 Ha regresado del otro mundo\u2026\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No tuvieron que esperar al polic\u00eda. El polic\u00eda local, Stepan Churkin, un soldado, pero no un mal hombre, lleg\u00f3 corriendo, aboton\u00e1ndose la chaqueta por el camino. Vio a Prokop, sac\u00f3 su pistola de la funda y se qued\u00f3 paralizado. Porque Kseniya, a pesar de su situaci\u00f3n, dio un paso al frente y, en voz alta, para que toda la calle la oyera, declar\u00f3: \u00ab\u00a1No se atrevan! \u00a1\u00c9l es mi salvador! Me romp\u00ed la pierna en la taiga recogiendo setas. \u00c9l me cur\u00f3, me trat\u00f3 con hierbas. Y ahora \u00e9l mismo trajo al ni\u00f1o para que diera a luz en un lugar humano. \u00a1No es un desertor, es un enfermero del bosque!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Minti\u00f3 desesperadamente y mir\u00f3 desafiante a los aldeanos a los ojos. Y la gente le crey\u00f3. O quisieron creerle. Porque la guerra hab\u00eda terminado, ya se hab\u00eda derramado un mar de sangre y nadie quer\u00eda matar a otro, ni siquiera a un extranjero, a un ruso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero a Prokop no lo esposaron. Lo llevaron al consejo del pueblo y lo encerraron en un armario hasta que se aclarara el asunto. Lleg\u00f3 un investigador del distrito, un hombre importante con gafas gruesas, lentes de contacto y m\u00e9dico. El investigador AristaAristarkh Pavlovich Zavyalov escuch\u00f3 la historia de Prokop toda la noche. No sobre deserci\u00f3n, sino sobre c\u00f3mo pasan los lobos el invierno, c\u00f3mo los castores construyen presas, c\u00f3mo distinguir una seta comestible de una amanita muscaria por la forma en que los mosquitos se posan sobre ella. Aristarkh Pavlovich era un hombre de ciudad, pero en el fondo era un naturalista. Fumaba un cigarrillo tras otro y tomaba notas en un cuaderno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEs extra\u00f1o\u00bb, le dijo por la ma\u00f1ana al polic\u00eda local Churkin. \u00abEn el papel es un desertor. Pero en realidad es un recurso natural. Gente como \u00e9l deber\u00eda ir a la Academia de Ciencias, no pudrirse en campos de concentraci\u00f3n. Pero la ley es la ley\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El juicio fue r\u00e1pido, pero no cruel. Tomaron en cuenta la confesi\u00f3n, la esposa embarazada y la petici\u00f3n del propio Aristarkh Pavlovich, quien dio una conferencia completa durante el juicio sobre la flora y la fauna de Vasyugan, descubiertas gracias a Prokop. Fue condenado a cinco a\u00f1os de exilio con derecho a trabajar en la industria maderera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras Prokop cumpl\u00eda su condena \u2014talando \u00e1rboles, construyendo caminos de invierno y ense\u00f1ando a los funcionarios municipales a colocar trampas para urogallos\u2014 Kseniya dio a luz a un hijo. Contrario a la costumbre del pueblo, lo llamaron Miroslav, en honor a la paz que \u00e9l y Prokop encontraron el uno en el otro en medio de los pantanos y los cedros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">PARTE CINCO. EL \u00daLTIMO ESCONDITE<br>En 1958, Prokop regres\u00f3 a Glukharin Plyos. Pero ya no era el salvaje se\u00f1or del bosque que hab\u00eda cautivado a Kseniya. Se volvi\u00f3 m\u00e1s tranquilo y sereno. Le dieron una peque\u00f1a casa en las afueras del pueblo; trabaj\u00f3 como l\u00edder de un equipo de caza, y su reputaci\u00f3n por sus habilidades se extendi\u00f3 por toda la regi\u00f3n. Cient\u00edficos, ge\u00f3logos y aventureros de Novosibirsk lo visitaban. Los llev\u00f3 a la taiga, mostr\u00e1ndoles lugares donde el musgo alcanzaba un metro de espesor y los \u00e1rboles probablemente recordaban los tiempos del Rey Guisante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kseniya dio a luz a dos hijas m\u00e1s. Quiz\u00e1s no viv\u00edan en el lujo, pero disfrutaban de una comodidad especial, propia del bosque. La casa siempre ol\u00eda a hierbas y resina, y manojos de hip\u00e9rico y de pieles de ardilla colgaban de las paredes. Por las tardes, Prokop, sentado en un banco y tallando una cuchara de madera para sus nietos, les contaba a los ni\u00f1os no cuentos de hadas, sino historias de su propia vida. De c\u00f3mo se hizo amigo de una zorra, a la que llam\u00f3 Kumushka, y de c\u00f3mo durante tres inviernos seguidos le rob\u00f3 pescado congelado, pero a cambio le tra\u00eda ratones a su puerta como pago por alojamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero con el paso de los a\u00f1os, su alma comenz\u00f3 a marchitarse. El pueblo bull\u00eda de actividad con las obras, se instalaba la electricidad, la radio sonaba a todo volumen. Prokop escuchaba esos sonidos y se estremec\u00eda como si le dolieran los dientes. Echaba de menos el silencio, ese gran silencio de la taiga en el que se oye el tintineo de las estrellas en el cielo helado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Kseniya, su amada Ksyusha, enferm\u00f3 en 1971 y se desplom\u00f3 tras una breve enfermedad, Prokop, canoso pero a\u00fan robusto como un cedro centenario, llev\u00f3 a los ni\u00f1os al patio y les dijo: \u00abMe voy. No huyo, no tengan miedo. Me voy a casa. Ustedes viven aqu\u00ed, siembran, tienen nietos\u00bb. Y mi hogar es donde el musgo susurra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y se fue. Al mismo Tronco del Oso, donde una vez hab\u00eda mantenido a la peque\u00f1a Ksenia aterrorizada y temblorosa. Pero ahora no iba all\u00ed a esconderse, sino a morir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo visitaban. Su hijo Miroslav, ahora guardabosques, le abr\u00eda un camino una vez al mes. Llevaba harina, sal, f\u00f3sforos y libros. Prokop le\u00eda con avidez, sentado junto a la estufa con chimenea de abedul. La \u00faltima vez que su hijo lo encontr\u00f3 fue sentado en un toc\u00f3n a la entrada del refugio. Era principios de primavera, la nieve ya se hab\u00eda derretido y un verde intenso brillaba entre los trozos descongelados. Prokop contempl\u00f3 la puesta de sol y sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Escucha, Slavko \u2014dijo con voz d\u00e9bil pero clara\u2014. Han llegado los ruise\u00f1ores. Los mismos que no o\u00eda desde hace mucho tiempo. Cantan maravillosamente\u2026 Y Ksyusha est\u00e1 cerca. Huele a manzanilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una semana despu\u00e9s, Miroslav encontr\u00f3 a su padre en la misma \u00abguarida\u00bb en el pino. El anciano dorm\u00eda profundamente, con la espalda apoyada en un tronco \u00e1spero, aferrado a un manojo de manzanilla seca. Su rostro era sereno y majestuoso, como el de un santo de un antiguo icono.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No lo llevaron al pueblo para el funeral. Lo bajaron al suelo y cavaron una tumba all\u00ed mismo, en el tronco de Medv\u011b\u017esk\u00fd, bajo tres cedros, donde la tierra era blanda y negra por las agujas centenarias. En la cruz tallada en el mismo pino donde encontr\u00f3 su fin, Miroslav grab\u00f3 una sencilla inscripci\u00f3n: \u00abProkop \u017deltkov. Vivi\u00f3 seg\u00fan su conciencia. Amaba el bosque\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dicen que a\u00fan hoy, en plena noche, cuando la luna se eleva sobre el Gran Pantano, se oye un suave silbido en el barranco de Medv\u011bd\u00ed. Puede ser el canto de los p\u00e1jaros o el viento jugando en un \u00e1rbol hueco. Pero los viejos cazadores se persignan y dicen: es Prokop, el esp\u00edritu del bosque, que recorre su territorio. No intenta asustar a nadie, no. Simplemente se asegura de que nadie desaparezca tontamente en su propiedad y de que la margarita en la tumba de Ksenia siempre florezca a tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"En un a\u00f1o en que los alisos de los pantanos florecieron con especial amargura y el cielo sobre Siberia se cubri\u00f3 de humo \n<a class=\"moretag\" href=\"https:\/\/vendeto.am\/?p=30800\"> [...]<\/a>","protected":false},"author":1,"featured_media":30801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-30800","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-video"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.8 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>\u2014Hace diez a\u00f1os que no veo a una mujer \u2014susurr\u00f3 el ermita\u00f1o del bosque con voz ronca, mirando a la joven ge\u00f3loga. 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