En ese instante, el silencioso golpeteo de las palas en la nieve se transformó en un ritmo irregular y nervioso que rompió el lúgubre silencio del cementerio. Mientras tanto, los lobos permanecían inmóviles alrededor de la tumba recién cavada. Dejaron de cavar. Simplemente esperaban en silencio, como si supieran que la gente por fin había comprendido dónde buscar.
En ese instante, el silencioso golpeteo de las palas en la nieve se transformó en un ritmo irregular y nervioso que rompió el
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