Lo encontré en el baño de mi novia. Durante casi una hora lo estuvimos mirando sin parar, sin conseguir entender qué era exactamente.

Lo encontré en el baño de mi novia. Durante casi una hora lo estuvimos mirando sin parar, sin conseguir entender qué era exactamente. Estaba allí, sobre las frías baldosas del baño, completamente fuera de lugar: silencioso, extraño y ligeramente inquietante. Mi novia y yo lo observamos mucho más tiempo del que sería normal, incapaces de explicar por qué una pequeña mancha informe nos provocaba tanta inquietud. Parecía una masa orgánica húmeda, algo que definitivamente no encajaba en un baño limpio y moderno. Cuanto más lo mirábamos, menos sentido tenía.

Repasamos todas las posibles explicaciones, cada una más inquietante que la anterior. ¿Un parásito? ¿Algún tipo extraño de moho? ¿Algo que se había caído de las paredes? Cuanto más especulábamos, más parecía el baño un lugar donde algo malo hubiera ocurrido en silencio.

Aunque hablábamos de ello en voz baja, una parte de nosotros sabía que estábamos exagerando, pero esa sensación de inquietud no desaparecía.

Dos adultos completamente descolocados por una mancha indefinida en el suelo. Era un recordatorio extraño de lo frágil que puede ser nuestra sensación de normalidad cuando aparece algo desconocido en un lugar familiar.

Seguíamos dando vueltas alrededor sin saber si se trataba de algo inofensivo o de un motivo de preocupación. Mi novia empezó a hablar de posibles toxinas o daños ocultos. Intenté tranquilizarla, aunque yo me sentía igual de nervioso. El verdadero problema era que no sabíamos qué era, y nuestra imaginación rellenaba los vacíos con lo peor.

Cuando finalmente descubrimos qué era en realidad —un tipo de moho viscoso que es inofensivo pero tiene un aspecto muy extraño y suele aparecer en ambientes húmedos— el alivio no llegó de inmediato.

No era nada peligroso ni grave. Sin embargo, aquella experiencia se me quedó grabada.

Fregamos bien las baldosas, abrimos las ventanas y con el tiempo incluso nos reímos de lo asustados que habíamos estado. Pero algo de aquel momento permaneció en mí. Me recordó lo fácilmente que algo desconocido puede sacudir nuestra sensación de seguridad.

Ahora, cada vez que entro en ese baño, me descubro revisando el suelo sin darme cuenta. No porque espere encontrar algo extraño, sino porque cuando una vez te asusta algo completamente cotidiano, ya nunca vuelve a parecer del todo igual.

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